Me convertí en madre siendo virgen

“Me convertí en madre sin siquiera haber tenido relaciones con un hombre. Tenía dieciséis años cuando sucedió. Mi hermana mayor vivía una vida imprudente y cuando descubrimos que ella estaba embarazada ya era demasiado tarde: tenía tres meses de embarazo. El bebé nació prematuro, dejándonos sin tiempo para prepararnos.

Con el tiempo, mi hermana volvió a su vida en la calle y todo cayó sobre mí.

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Me convertí en madre en un abrir y cerrar de ojos. Lo alimentaba, cambiaba sus pañales; despertando a mitad de la noche para atender su llanto. Al principio mi madre fue de mucha ayuda, pero en el tiempo menos esperado sufrió un derrame cerebral que la hizo perder todo movimiento en la parte derecha de su cuerpo.

El médico solo pudo decirnos que ella no podría hacerse cargo de nadie. Fue ahí cuando ella me entregó a Aidan, cuando yo solo tenía dieciocho años.

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Cuidaba a mi madre, a mi hijo...

Luchaba por mantenerlo todo en secreto, así que no le dije a mi entrenador de tenis el porqué de mi salida del equipo. O a mis amigos, la razón de no poder irme de vacaciones con ellos, acudir a sus fiestas ó estudiar la universidad.

No quería ser juzgada por nadie.

Pronto empecé a trabajar en cuatro lugares a la vez y empujé todos los sentimientos de frustración al fondo de mi mente para asegurar que Aidan estuviera bien. Ni siquiera pude llorar la muerte de mi madre como quería. Tenía que pensar en él. Tenía que asegurarme que todo estuviera bien.

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Desde entonces, hemos sido solo nosotros. Aidan y yo crecimos juntos. La verdad, es un gran niño; tan respetuoso. Me detienen todo el tiempo en nuestro edificio extraños que me dicen cuánto lo aman. Lo maravilloso que es que sostenga la puerta para la gente ó que ayude a las personas a llevar sus compras. Es tan enfocado. Todo un buscavidas que da el cien por ciento, al igual que su madre; donde en los momentos que se necesita algo por hacer de su parte, lo hace".